La especialista e historiadora Guillermina Fuentes ofreció una conferencia en el Centro de las Artes de San Luis Potosí “Centenario” en la que habló sobre la génesis del teatro mexicano durante los años cuarenta y su enriquecimiento mediante directores y dramaturgos que llegaron con nuevas propuestas para las artes escénicas.
En el marco del Seminario del Teatro Mexicano, la historiadora del Centro de Investigación Teatral Rodolfo Usigli de la ciudad de México detalló cómo realizó la investigación del teatro perteneciente a la cuarta década del siglo pasado.
Especificó que son cuatro las vertientes que se dieron en ese ámbito después del proyecto del Teatro Ulises; también habló de los diferentes edificios que se erigieron como teatros en la década de los cuarenta, y cómo de 1939 a 1952 ya había más de 15 teatros en el Distrito Federal.
También mencionó cómo se enriqueció el marco teatral con el surgimiento de directores teatrales como Seki Sano, Rodolfo Usigli, Fernando Wagner e Ignacio Retes.
La historiadora apuntó que, después de un largo peregrinaje por varias partes del mundo desde el Japón, Seki Sano llegó a México, perseguido por su pasado comunista, y que fueron Frida Kahlo y Diego Rivera quienes lo ayudaron para permanecer como maestro en el Instituto Nacional de Bellas Artes.
Del alemán Fernando Wagner señaló que provenía de un familia de músicos, por lo que su futuro apuntaba hacia esta disciplina, pero no le gustó; comenzó a hacer teatro después de que su padre lo enviara a México y fue así como propuso a nuevos autores y nuevas ideas.
En cuanto al padre del teatro mexicano moderno, como mencionó Fuentes que se le llama a Rodolfo Usigli, dijo que entre sus obras teatrales destacan las siguientes: El gesticulador (1938), en la cual hace una concienzuda crítica al régimen revolucionario mexicano de ese tiempo, por lo cual fue censurada por el gobierno. Corona de sombra (1943), en la que destaca la figura de Carlota de Bélgica, quien fuera nombrada emperatriz de México y cuyo papel fue interpretado por la consagrada actriz mexicana María Teresa Montoya; con esta obra inauguró el teatro que lleva su nombre en Monterrey, Nuevo León, en 1959. A este trabajo, el propio Usigli lo consideró antihistórico, y lo denominó Corona de fuego, en 1960. Por último, Corona de luz (1964), que versa sobre la Virgen de Guadalupe y su influencia en la cultura nacional mexicana.