Con una puesta en escena hecha con títeres y basada en las historias de decenas de niños, concluyó el Taller de Cerámica para niños que el Centro de las Artes de San Luis Potosí Centenario ofreció como parte de sus Cursos de Verano. El taller se impartió por el maestro Alejandro Díaz de Cossío, acompañado de Tiburcio Renovato y con la participación especial del maestro Refugio de la Torre. Al curso asistieron treinta niños quienes disfrutaron en todo momento de sus actividades.
Sobre su trabajo con los pequeños, el maestro Díaz de Cossío, comenta: “Fue en realidad un trabajo muy sencillo, por que eran sus vacaciones y sólo requeríamos un poco de disciplina artística. Fue reconfortante por que uno ve como ellos solitos trabajan y sólo tenemos que estar pendientes y brindarles el material que utilizan. Nos terminamos casi 60 kilogramos de barro e hicimos tres hornadas para poder pintar las figuras en acrílico”.
Acomodados por equipos en una serie de mesas con su material correspondiente, los niños moldearon el barro utilizando su imaginación en todo momento, creando interesantes figuras que remiten a la fantasía. Los mismos niños se encargaron de explicar sus creaciones a sus padres y amigos, que en todo momento se vieron entusiasmados por su muestra de talento y creatividad.
Acerca de los tópicos más comunes que se pudieron apreciar durante la creación de las piezas de los pequeños, el maestro Díaz de Cossío dice: “Pues lo clásico, las niñas hicieron muñecas y princesas, todo estaba lleno de princesas de diamante y escarlata. Los niños por otro lado hicieron dinosaurios, boxeadores y animales fantásticos. Lo que nos llamó la atención es que no se basaron tanto en lo que ofrece la televisión, sino que la hicieron a un lado para utilizar otras referencias”.
Los más pequeños también se dieron a la tarea de opinar y comentar sobre su estancia en el taller. Mónica Reyes Olvera, de 11 años, dice que lo más divertido fue poder hacer monitos, títeres, trastecitos de barro y piedritas para joyería, del mismo modo recalca que le gustó estar rodeada de sus amigas. Aranza Estefanía Loredo Guerrero, de 11 años y estudiante de la escuela Fray Pedro de Gante, afirma: “Me gustó mucho por que jugamos y aprendemos, yo hice una muñeca y unos corazones, que me los puedo llevar a mi casa”.
Carlo Federico Martínez Hernández, de tan sólo 6 años, se mostró complacido con su simpático pulpo de barro y Francisco Jacob Rodríguez, de 9 años y estudiante del Internado Damián Carmona comenta: “A mi me gustó mucho hacer figuras, puedes empezar con bolitas o aplanarlas hasta hacer como una tortilla para hacer títeres”. Entre los simpáticos personajes del taller, destacó el llamado “niño araña”, Mario Silva, de 7 años, famoso por su habilidad de trepar por los muros y paredes. Él afirmó haberse sentido contento por jugar y haber creado figuritas de marcianos y cocodrilos.
Incluso algunas pequeñas demostraron un entusiasmo en la cerámica para trabajar en el futuro, como Karen Loredo Silva, de 10 años y estudiante de la escuela Rafael Nieto Compeán, quien afirma que en un futuro le gustaría ser escultora. Entre sus creaciones se encontraron macetitas, ballenas y delfines. Fernanda Alarcón Gonzáles, de 8 años, por su parte comentó sobre sus cuentitas para pulceras y collares que piensa utilizar para cualquier ocasión.
La divertida puesta en escena de los niños, fue coordinada por el maestro Refugio de la Torre, quien auxilió en la creación de los cuentos para la representación. Historias de monstruos fantásticos creados por ingeniería genética y otras delirantes aventuras fueron protagonistas de la actividad, que fue aplaudida y ovacionada por sus padres, emocionados por la creatividad de sus hijos.
El maestro Tiburcio Renovato, quien asistió a los niños a lo largo del taller, comentó sobre cómo se divirtieron los niños: “Cuando uno es niño tiene muchas cosas que decir y expresar. Cuando se enfrentan a un material nuevo se sorprenden y es la sorpresa lo que los lleva a estar siempre activos, creando y prefuntando, plasmando toda su energía, sus fantasías, realidades y todo lo que traen dentro de ellos”.
Sobre la importancia de que los niños dediquen su verano a actividades creativas y artísticas, Díaz de Cossío comenta: “Al final nos dimos cuenta de que socializan mucho, formaron pequeños grupos de trabajo y de eso se trataba, de aprender a trabajar en equipo. Aparte de trabajar en el modelado, también tenían su hora de lonchar, para jugar, y como tenían mucha curiosidad se les dieron paseos por el Centro de las Artes, visitaron los jardines y las galerías”.
“En realidad fueron ellos los que nos guiaron a los maestros, funcionó bien y creo que se van satisfechos y contentos. Hay algunos que quieren regresar el lunes pero, pues la vida sigue”. Al final del curso, se dió una gran interacción entre la técnica del barro, el juego y la literatura, la interacción fue clave para que los niños estuvieran satisfechos de su tiempo en el taller.
El maestro Cossío finalizó hablando sobre proyectos a futuro: “Existen planes para continuar con este curso los días sabado para que existan buenos espacios para los niños. Nosotros continuaremos con nuestro trabajo docente y desarrollando la obra personal. Lo importante es que al final los niños fueron quienes se apropiaron del espacio con mucho respeto, y los resultaron superaron todas las expectativas”.